...de manera interdiaria, una enfermera nos pincha una fístula arteriovenosa, o nos conectan a un Cateter, que un cirujano vascular crea en el brazo para facilitar las diálisis.
La fístula consiste en una operación interna que al unir vena y arteria producen presión suficiente para que la sangre del paciente llegue a la máquina de la diálisis y sea filtrada sin problema.
En cada proceso, el dolor es doble e intenso causado por dos agujas gruesas de casi tres pulgadas conectadas a mangueras transparentes que se extienden hasta la máquina de diálisis. Una aguja drena la sangre, la otra la extrae. Durante cuatro horas varias sustancias químicas son agregadas al torrente sanguíneo hasta limpiarnos de las toxinas que por dos o tres días nos permitirán sobrevivir.
El procedimiento en el Hospital El Buen Samaritano, es llegar, saludar a los mismos pacientes y de vez en cuando enterarse que alguien ya no volverá al lugar. Y no porque se hubiese aliviado. No, es porque ya su corazón viejo o enfermo no resistió a la “exigencia” de esa máquina necesitada de una presión sanguínea suficiente para trabajar en su labor de limpia.
Entre tres y cuatro horas, los pacientes sólo escuchan el rítmico funcionamiento de las maquinas dializadoras, mientras sentados en confortables sillones ,dormimos, otros más bien dormitan, ven televisión, … piensan en lo afortunado que son al estar en ese lugar recibiendo vida a través de una máquina y bajo el cuidado de nuestras enfermeras Yiliani, Noelia y nuestra voluntaria Rachel y el cuidado de nuestras médicos, la Dra. Cafe y nuestra querida Nefrologa y madre Dra. Cresencio.
Otros más, claro, se lamentan de su suerte y no se resignan. Mantienen viva la esperanza de que algún día el riñón lo puedan obtener de un donante vivo o muerto que les permita independizarse de esa máquina que los debilita tanto cada vez que termina la diálisis.
Eso sí, cuando ya sienten mejoría por la diálisis, es notable como renace el ánimo. Conversan con el vecino de enfrente, con el de al lado, con la enfermera, hablamos de política, deporte religión y de cualquier tema que este en el tapete o simplemente nos reímos de las ocurrencias de algunos pacientes, especialmente en nuestros casos de las salidas tan jocosas de Juan Castillo… y los que son creyentes, agradecen a Dios por un día más de vida e interiormente prometen ser más responsables con lo que consumen en esos dos o tres días que estarán ausente.
Y el ánimo es aun más esperanzador cuando reciben la visita de un ex compañero que tuvo el privilegio del transplante; o de un enfermo renal que, con su ejemplo los alienta a vivir una vida casi normal.
Sin embargo, el ambiente cotidiano no deja de ser deprimente. A cada momento se escucha toser a uno o varios enfermos al unísono en el salón. La dolencia pulmonar es causada por la acumulación de líquidos que afecta, en diferentes grados a cada paciente, a los cuales se les extrae el agua del cuerpo por medio de la diálisis, otros sufren de crisis de hipotensión, es decir baja de la presión arterial.
Al que llega a dializarse la enfermera le revisa sus signos vitales, presión sanguínea, y sobre todo el peso para saber cuánto liquido trae en el cuerpo, para así determinar la cantidad de libras que se le sacara y el tiempo que durara conectado,…. tres o cuatro horas.
En cambio, el paciente que se va a casa limpio de toxinas en su torrente sanguíneo y sin exceso de líquidos en el cuerpo, muchas veces se le ve débil. La enfermera cuida que no se vaya a caer o incluso desmayar mientras lo mantiene de pie sobre la báscula, otros en cambio salen alegres, no parece que acabaran de pasar por ese proceso de varias horas.
Cada Lunes, Miércoles y Viernes es el mismo proceso, que vivimos con alegría y lo aceptamos con amor, amor a nuestro Padre Celestial que nos permite vivir cada día, que nos permite estar junto a nuestros familiares.
Muchas Bendiciones querid@ amig@ y herman@, ten siempre en tus oraciones y pensamientos a aquellos que tenemos que estar conectado a una maquina para sobrevivir.

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