miércoles, 29 de mayo de 2013

Solidaridad que da vida

Estefani Moreno sentada junto a sus tres hijos. Le observa su madre, Hilda Vargas. (Foto: Roberto Guzmán)



     Quien ve ahora a Estefani Moreno, tan ágil y saludable, jamás se imaginaría que ocho meses atrás estuvo al borde de la muerte por causa de una cardiopatía dilatada que le provocaba fallas en el corazón, los pulmones y el hígado. “Lo de ella fue de Dios”, afirma Hilda Vargas, mientras asiente con la cabeza y mira a su hija, ya recuperada gracias al trasplante de corazón que recibió de un donante cadavérico (fallecido).

    
     Estefani, de 22 años de edad, se convirtió el 18 de julio de 2012 en la primera persona sometida a un trasplante cardíaco en un quirófano de República Dominicana. La cirugía se le practicó en la Plaza de la Salud, hospital que inició su programa de trasplante cadavérico en 2007.De su donante sólo sabe que era una persona de creencia cristiana, que murió al caerse de un árbol al que se había subido para recoger los frutos. La ley establece que los datos del donante y del beneficiado deben mantenerse en confidencialidad. Antes, en el país sólo se realizaban trasplantes de donantes vivos de riñón; para cualquier otro órgano, el paciente debía viajar a recibir atenciones médicas en otro país.
     La joven tenía 19 años cuando su corazón empezó a fallar, debido a que después de su tercer parto ese órgano no recuperó su tamaño normal. “Los médicos me explicaron que cuando uno está embarazada algunos órganos se hinchan, pero después de que uno da a luz todo vuelve a la normalidad, pero conmigo no sucedió así. Mi vientre se quedó inflado y el corazón muy grande”, explica.
Estefani se sofocaba, se sentía cansada todo el tiempo, y no podía orinar. “Yo iba una vez a la semana al hospital Salvador Gautier a sacarme líquido del hígado. Cuando me ponía ‘mala’, podía pasar hasta un mes internada”, recuerda.
     Su madre la interrumpe para agregar que los médicos auguraban poco tiempo de vida a su hija si no conseguía pronto un órgano para el trasplante. “Yo digo que eso fue de Dios, porque contra todos los pronósticos, Estefani estuvo tres años padeciendo, hasta que el día que menos pensábamos nos informaron que en la Plaza de la Salud había un órgano disponible. De inmediato se le practicaron todos los exámenes. El hospital asumió los gastos”, narra.
      El trasplante devolvió la vida y la ilusión a Estefani. “Me siento otra. Me siento nueva”, dice con una sonrisa. “Antes no podía cargar a mis hijos. No podía hacer nada. Estoy muy agradecida de la familia que me devolvió la vida al donarme el corazón”.
La joven retomó sus estudios en la escuela primaria y pretende realizar algunos cursos técnicos. Por ahora, asiste cada mes a chequeos médicos.

El caso de Estefani, al igual que todos los trasplantes que se realizan en República Dominicana, se celebra como un “milagro”, tomando en cuenta que en el país no está muy arraigada la cultura de donar órganos ni tejidos.
     “Todos los días en este país se pierden órganos de personas que fallecen, mientras se mueren otras esperando un órgano”, afirma Jiomar Figueroa, coordinador general del Programa de Trasplantes del Hospital General Plaza de la Salud.
     No existen estadísticas oficiales de cuántas personas mueren por la falta de un donante que pudiera salvarle la vida. Las cifras en torno a este tema son imprecisas, pues la práctica institucional en el país es relativamente nueva.
     Aunque en 1998 se promulgó la Ley 329 que regula la donación y legado de órganos y tejidos para trasplantes, las autoridades tardaron diez años en crear el Consejo Nacional de Trasplante (CNT), que establece las políticas a seguir, y el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplantes (Incort), que ejecuta las decisiones de ese organismo.
     Figueroa indica que por la falta de promoción y orientación a la población al sistema de salud se le hace difícil captar donantes. “Es una debilidad que tenemos como país de darle respuesta a quienes tienen esa necesidad. El inconveniente es que los organismos llamados a hacer la promoción, en especial el CNT y el Incort, no están haciendo el trabajo. Ya todos los dominicanos deberían estar informados sobre cómo pueden donar”.
     Percibe al dominicano como un ser “altruista” y “bondadoso”, puesto que cuando se le solicita la concesión de un órgano, la mayoría accede, pero debido a la ignorancia y la desinformación todavía resulta alta la cantidad de personas que se niega a cederlo.
     El Incort tiene registradas unas 600 personas con carné de donante. El organismo técnico descentralizado del Ministerio de Salud Pública dirige la red de coordinadores y tramita todas las actividades de donación y trasplantes.


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