Quien ve ahora a Estefani Moreno, tan ágil y saludable, jamás se
imaginaría que ocho meses atrás estuvo al borde de la muerte por causa
de una cardiopatía dilatada que le provocaba fallas en el corazón, los
pulmones y el hígado. “Lo de ella fue de Dios”, afirma Hilda Vargas,
mientras asiente con la cabeza y mira a su hija, ya recuperada gracias
al trasplante de corazón que recibió de un donante cadavérico
(fallecido).
Estefani, de 22 años de edad, se
convirtió el 18 de julio de 2012 en la primera persona sometida a un
trasplante cardíaco en un quirófano de República Dominicana. La cirugía
se le practicó en la Plaza de la Salud, hospital que inició su programa
de trasplante cadavérico en 2007.De su donante sólo sabe que era una
persona de creencia cristiana, que murió al caerse de un árbol al que se
había subido para recoger los frutos. La ley establece que los datos
del donante y del beneficiado deben mantenerse en confidencialidad.
Antes, en el país sólo se realizaban trasplantes de donantes vivos de
riñón; para cualquier otro órgano, el paciente debía viajar a recibir
atenciones médicas en otro país.
La joven tenía 19 años cuando su corazón empezó a fallar, debido a
que después de su tercer parto ese órgano no recuperó su tamaño normal.
“Los médicos me explicaron que cuando uno está embarazada algunos
órganos se hinchan, pero después de que uno da a luz todo vuelve a la
normalidad, pero conmigo no sucedió así. Mi vientre se quedó inflado y
el corazón muy grande”, explica.
Estefani se sofocaba, se sentía cansada todo el tiempo, y no podía
orinar. “Yo iba una vez a la semana al hospital Salvador Gautier a
sacarme líquido del hígado. Cuando me ponía ‘mala’, podía pasar hasta un
mes internada”, recuerda.
Su madre la interrumpe para agregar que los médicos auguraban poco
tiempo de vida a su hija si no conseguía pronto un órgano para el
trasplante. “Yo digo que eso fue de Dios, porque contra todos los
pronósticos, Estefani estuvo tres años padeciendo, hasta que el día que
menos pensábamos nos informaron que en la Plaza de la Salud había un
órgano disponible. De inmediato se le practicaron todos los exámenes. El
hospital asumió los gastos”, narra.
El trasplante devolvió la vida y la ilusión a Estefani. “Me siento
otra. Me siento nueva”, dice con una sonrisa. “Antes no podía cargar a
mis hijos. No podía hacer nada. Estoy muy agradecida de la familia que
me devolvió la vida al donarme el corazón”.
La joven retomó sus estudios en la escuela primaria y pretende
realizar algunos cursos técnicos. Por ahora, asiste cada mes a chequeos
médicos.
El caso de Estefani, al igual que todos los trasplantes que se realizan en República Dominicana, se celebra como un “milagro”, tomando en cuenta que en el país no está muy arraigada la cultura de donar órganos ni tejidos.
“Todos los días en este país se pierden órganos de personas que
fallecen, mientras se mueren otras esperando un órgano”, afirma Jiomar
Figueroa, coordinador general del Programa de Trasplantes del Hospital
General Plaza de la Salud.
No existen estadísticas oficiales de cuántas personas mueren por la
falta de un donante que pudiera salvarle la vida. Las cifras en torno a
este tema son imprecisas, pues la práctica institucional en el país es
relativamente nueva.
Aunque en 1998 se promulgó la Ley 329 que regula la donación y legado
de órganos y tejidos para trasplantes, las autoridades tardaron diez
años en crear el Consejo Nacional de Trasplante (CNT), que establece las
políticas a seguir, y el Instituto Nacional de Coordinación de
Trasplantes (Incort), que ejecuta las decisiones de ese organismo.
Figueroa indica que por la falta de promoción y orientación a la
población al sistema de salud se le hace difícil captar donantes. “Es
una debilidad que tenemos como país de darle respuesta a quienes tienen
esa necesidad. El inconveniente es que los organismos llamados a hacer
la promoción, en especial el CNT y el Incort, no están haciendo el
trabajo. Ya todos los dominicanos deberían estar informados sobre cómo
pueden donar”.
Percibe al dominicano como un ser “altruista” y “bondadoso”, puesto
que cuando se le solicita la concesión de un órgano, la mayoría accede,
pero debido a la ignorancia y la desinformación todavía resulta alta la
cantidad de personas que se niega a cederlo.
El Incort tiene registradas unas 600 personas con carné de donante.
El organismo técnico descentralizado del Ministerio de Salud Pública
dirige la red de coordinadores y tramita todas las actividades de
donación y trasplantes.
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