jueves, 23 de junio de 2011

Efecto de la diálisis

Un riñón artificial tiene la misma capacidad del riñón humano. Por ello, una hora de diálisis equivale a una hora de funcionamiento del riñón normal. La diferencia es que en el tratamiento dialítico se realiza 3 sesiones de 4 horas cada una, en un total de 12 horas semanales. Un riñón normal trabaja 24 horas al día para purificar el organismo, siete días, totalizando 168 horas semanales. Así es que el tratamiento con riñón artificial deja el paciente 156 horas sin depuración (168-12=156). A pesar de estas pocas horas (12 horas semanales en promedio), ya está probado que una persona puede seguir viviendo bien con este plan de hemodiálisis.
La hemodiálisis es adecuada cuando el paciente vive en buenas condiciones:
  • Sin hipertensión (inferior a 150/90 mm/hg);
  • Sin edema y sin falta de aire;
  • Sin  aumento importante de peso entre una y otra hemodiálisis;
  • Con nivel normal de potasio (menos que 5);
  • Sin acidosis (pH de la sangre)
  • Con fósforo normal (menos que 5);
  • Con anemia discreta y sin desnutrición;
  • Con una fístula funcional

Si se satisfacen estas condiciones, se podrá seguir viviendo largo tiempo realizando hemodiálisis.
La hemodiálisis tiene sus riesgos como cualquier tipo de tratamiento, y presenta complicaciones que se deben evitar. Por ello, los médicos controlan las señales exteriores: temperatura corporal, peso, edema, presión arterial, tos, falta de aire, anemia y estado de la fístula en cada sesión de hemodiálisis. Una vez al mes se debe requerir pruebas de sangre para comprobar como están las tasas de urea, creatinina, potasio, calcio, fósforo, ácido úrico y sodio (sal). También es importante comprobar el pH sanguíneo, la nutrición (albumina) y la anemia (hemograma).

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